Quebrada Pubus; una verdad distante

El desplazamiento se ha convertido en un denominador común del léxico informativo colombiano. Hemos hablado tantas veces de esa realidad social que ya lo hemos transformado en un simple término, en un fenómeno social sin rostro, sin pies, sin cabeza y sin cuerpo. Estamos tan acostumbrados a esa palabra, a la superficialidad de su tono, que su significado ha perdido trascendencia y se ha transfigurado en un reiterado eco informativo sin resonancia alguna en nosotros.

 

Buscando cambiar el carácter generalizador y frío del tratamiento periodístico que normalmente se le da a esta clase de problemas sociales, como el desplazamiento, el rebusque, la pobreza… nos internamos en uno de los asentamientos de desplazados que hay en la ciudad de Popayán para conocer más de cerca este fenómeno, para preguntarles a sus protagonistas cómo se vive dentro de ellos, cuales son las condiciones en las que se desenvuelven, en fin toda una realidad desconocida por muchos de nosotros pero vivida, lastimosamente por una gran cantidad de colombianos.

 

Buscando saber que es lo que se vive dentro de un asentamiento de personas desplazadas visitamos uno  que queda a las afueras de la ciudad, y en donde han llegado más de 200 familias de muchas regiones del país, generalmente conformadas por 5 o 6 miembros muchos de ellos niños menores de 15 años, en donde lo que las caracteriza es el hacinamiento y  la violencia con la que tienen que codearse todo los días, todo el día.

 

Este barrio, si lo podríamos llamar así, alberga  como les dije más de 200 familias, queda cerca de la variante sur que es una de las salidas de la ciudad, y las casas, entre comillas, están construidas en madera, las paredes y los pisos son hechos con tablas, las bases de estos ranchos son guaduas, y algunas viviendas están construidas en medio de una quebrada que atraviesa el barrio y  que se llama quebrada Pubús, de ahí que se conozca al asentamiento como, Quebrada Pubús.  Uno de los mayores inconvenientes de este terreno es la inestabilidad del suelo que por las lluvias y por la misma quebrada se convierte en una verdadera bomba de tiempo, incluso el día que estuvimos allá nos contaban que pocas noches antes había llovido y parte de una casa se había caído, con todo y guaduas, a la quebrada.

 

Respecto a la sanidad, el sistema de alcantarillado es deficiente por no decir que escaso, algunas casa, pocas en verdad, cuentan con un inodoro y la gran mayoría utiliza pozos sépticos, para ser un poco más gráfico,  hay un baño público que es compartido por todos los habitantes del barrio, hay un solo lavadero a la entrada del asentamiento y también  lo comparten entre todos los habitantes, las condiciones de higiene dejan mucho que desear, las condiciones en las que están las duchas y en general los baños, es de deterioro, de suciedad, lo que genera como primera consecuencia una gran cantidad de enfermedades como hongos, problemas en la piel, infecciones …. Además como para hacer más dramática la situación, por vivir tan cerca de un riachuelo, y por el alto nivel de humedad de los ranchos, hay una gran proliferación  de mosquitos, se presentan enfermedades como gripas, diarreas, problemas respiratorios.

 

Muchas de estas familias viven en hacinamiento, de las 4 familias que entrevistamos 3 de ellas eran conformadas entre 8-10 personas y por lo menos el sesenta por ciento de ellas eran menores. Generalmente solo tienen un solo cuarto y una sola cama, lo cual no es suficiente para cubrir las necesidades de toda la familia, lo que los obliga no solo a  compartir el cuarto sino a dormir, un porcentaje amplio de ellos, en el suelo.

 

Otro de los inconvenientes que se vive dentro de la población desplazada, son las atenciones en salud, éstas son deficientes y hay demasiados inconvenientes para acceder a ellas, las personas deben hacer fila desde la madrugada (alrededor de las 2 o 3 a.m.) para poder obtener una cita pero muchas veces no se logra eso. Los medicamentos que les entregan no son idóneos porque se busca calmar el dolor pero no curar la enfermedad así que con padecimientos crónicos como los que ellos tienen, especialmente en el sistema respiratorio, la situación se torna mucho más compleja.

 

Otro inconveniente como nos dicen las estadísticas y nos confirman los mismos habitantes del asentamiento son los altos índices de violencia con los que cuentan estos tipos de barrio. Doña Ana, ama de casa y  habitante de este barrio, quien tiene 4 hijos y que está actualmente en embarazo nos contaba que los incidentes con pandillas, drogadicción, robos, agresiones son característicos de este barrio, nos ilustraba la situación cuando nos compartía una regla general en todo el barrio, “siempre debe haber alguien en la casa si no cuando uno regresa ya no encuentra nada, ya le han vaciado todo”.

 

La población desplazada de este sector de la sociedad ha llegado a esta situación,  en su gran mayoría, por culpa de amenazas de los grupos armados y por problemas de desempleo a causa también del mismo fenómeno social que se vive en Colombia. Muchos de ellos recibieron ayudas del estado por los primeros meses con remezas, colchonetas pero después de 3 o 4 meses esas ayudas dejaron de llegar. Muchos desplazados con 5 o 6 años en esa condición no han tenido ayudas del gobierno y mucho menos se ve un esfuerzo por  el estado y las instituciones públicas por mejorar sus condiciones de vida.

 

La vida de los desplazados en Popayán no es distinta a la de las personas que están en esta misma situación en todo el país, la violencia, el hacinamiento, la falta de viviendas dignas, la falta de ayudas, el rebusque, la mala alimentación, los problemas de salud y la discriminación son características que los identifican y con lo que tienen que aprender y resignarse a convivir porque una solución pronta al problema hoy es una utopía, es un sueño difícil de realizar.  

  

Como pudimos observar Popayán no se escapa de una de las primeras consecuencia del conflicto armado después de los asesinatos y el secuestro, el desplazamiento y como mostramos en nuestro programa anterior los números de personas en esta situación siguen en aumento y las circunstancias no mejoran, el viacrucis que les toca resistir no ha cambiado y es difícil que cambie.

 

 

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