“Don José”

En esta oportunidad voy a relatar la historia de José un hombre que actualmente trabaja para uno de los comedores de la ciudad dedicados a prestar ayuda desinteresada  a las clases más desfavorables de Popayán, entre ellas al sector indigente. Aunque Don José, como lo vamos a llamar, no fue precisamente un habitante de la calle, su historia no solo engloba algunos efectos que produce vivir en la calle sino que es además una historia que muestra que toda vida sumergida en el bajo mundo tiene una oportunidad para salir adelante.

 

Les cuento que Don José nació hace 57 años en la ciudad de Cali, de familia modesta, viajó a Popayán, ciudad en donde trabajó desde los 17 años en una droguería.

Empezó como mensajero y al año ya era empleado de mostrado, leía las fórmulas, inyectaba, colocaba sueros y saturaba.

 

Don José nacido y crecido en un ambiente, socialmente difícil, se rodeó de muy joven de amigos, como él mismo llama “delincuentes”, dichas “juntas” influyeron fuertemente para que desde su adolescencia se iniciará en el mundo de las drogas. Don José nos cuenta que al poco tiempo lo liquidaron o despidieron de su sitio de trabajo porque se convirtió en una persona dependiente de las drogas, o como él afirma, se transformó en un drogadicto.

 

Don José consumía en un primer momento las drogas que vendía y suministraba en su sitio de trabajo, entre ellas utilizaba una droga llamada diazepan, que es un tranquilizante suave que se usa para  tratar la ansiedad y la tensión nerviosa. También se emplea en el tratamiento de la intoxicación alcohólica, el insomnio, los espasmos musculares y cierta clase de convulsiones. Dicho medicamento actualmente no lo venden sin fórmula médica pero en el año de 1971, cuando esto ocurrió, cualquier persona podía acceder o comprarlo sin necesidad de ningún requisito.

                                   

Continuando con la historia de Don José, los efectos de su adicción no se centraron solamente en la pérdida de su empleo sino que además el consumo crónico y continuo empezó a producirle problemas físicos. Don José presentaba desequilibrios mentales, en pocas palabras él lo define así, “me estaba volviendo loco”. Pero eso no fue lo peor de la historia, poco tiempo después de quedar desempleado, en una fiesta nocturna y estimulado por el alcohol y sustancias psicoactivas golpeo a una persona, lo que le costó una denuncia por lesiones personales.

 

Don José huyó por casi 1 año de las autoridades, al término de ese tiempo regresó a la ciudad creyendo que todo había pasado pero lo atraparon y lo condenaron, a finales del año de 1980 a 36 meses de prisión en la cárcel de San Isidro de Popayán y en ese momento empezó otra historia para él.

 

Don José tuvo la suerte de encontrar un puesto privilegiado por sus conocimientos en salud, trabajó en la enfermería de la cárcel por 22 meses lo que no solo le ayudó a llevar una vida más tranquila en  la institución carcelaria sino que le permitió salir 1 año antes de lo previsto. Pero al salir en el año de 1983, aunque ya no consumía sustancias psicoactivas, un nuevo desafío le preparaba la vida.

 

Poco tiempo después de recuperar su  libertad perdió a sus padres. Dicha situación lo afectó emocionalmente lo que influyó para que se sumergiera en el consumo de alcohol. Don José recibió una herencia de 7 millones de pesos (casi 3900 dólares) herencia que, en cuatro meses, despilfarró en alcohol y en su típica vida nocturna. Con parte del dinero compró una moto en la cual, en estado de embriagues, se accidentó trayéndole como consecuencia no solo un estado de coma que duró tres días sino también fracturas en todas las partes del cuerpo incluyendo en la clavícula, en la mandíbula y en el cráneo, fracturas que duraron seis meses en sanar y que aún hoy le recuerdan dicho accidente. Tal evento le produjo la pérdida completa de sus dientes y también una parálisis facial en la parte derecha de su rostro debido a un derrame interno producto de su choque.

 

A pesar de esa experiencia don José continuó con su mismo estilo de vida lo que le suma casi cuarenta años como alcohólico. Hasta hace dos años su vida se regía por el licor, desde ese tiempo para acá la situación ha cambiado cuando un sábado en la mañana, después de haber pasado por una noche característica en su vida nocturna, llegó aún borracho al comedor donde hoy trabaja.

 

 

Al poco tiempo contrataron a Don José como trabajador del comedor de la Primera Iglesia Bautista. Hoy no solo realiza labores de aseo y celaduría de la institución sino que también en los días sábados y Domingos se encarga de atender, curando, desinfectando, atendiendo los quebrantos de salud de las personas beneficiarias del servicio gratuito.

 

Don José cuenta que paso semanas, meses incluso un año seguido consumiendo licor, hoy esa vida es una anécdota, anécdota que gracias a unos pocos paso a ser parte del pasado.

 

Don José hace visible miles de historias de personas que por influencia directa de los problemas sociales se inscriben en vidas como la de él. Esta historia no solo caracteriza otras sino también muestra que   toda vida sumergida en el bajo mundo tiene una oportunidad para salir adelante.

 

Foto: Walter Gonzalez Raffo

 

 

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