La Indigencia: una realidad social oculta

Colombia es un país con una imagen dual; por un lado la visión que venden los medios de comunicación y el mismo gobierno a la opinión pública y a la opinión internacional, basada en la idea de un país con problemas sociales como consecuencia de un conflicto bélico que afronta desde hace más de 50 años y en donde el gobierno está haciendo todo lo posible para combatir a la supuesta real causa de  la actualidad colombiana, los grupos armados al margen de la ley, la otra es la que afrontamos a diario los colombianos, la de un país con problemas sociales debido a la falta de estrategias gubernamentales e inversión social que busquen una solución  real a la crisis que vivimos, crisis que se acrecienta cada días más porque el gobierno prefiere invertir en armamento bélico que cumplir con los deberes constitucionales que le a otorgado la Carta Política de 1991, en vivienda, educación, salud y alimentación.

Entre los muchos problemas sociales “ocultos” con los que coexistimos los colombianos desde hace varias décadas atrás se destacan en primer lugar; el desplazamiento forzado, la pobreza y el desempleo, que son la causa principal de la violencia, los homicidios, la drogadicción, la prostitución, el analfabetismo y por supuesto la  indigencia, realidades que acogen cada vez más las urbes del país.

En el caso concreto de la indigencia, tema central de este artículo, el aislamiento familiar, el desempleo, la pobreza, el alcoholismo y el consumo de sustancias psicoactivas hacen que cada vez más se incremente el número de habitantes de la calle, según el Informe Mundial de Desarrollo Humano 2004 los habitantes de la calle pasaron del 21.8% en 1997 a 25.9% para el 2003, esto demuestra que el país no ha podido detener su crisis social. Otros informes como la evaluación de la política social que realiza la contraloría general de la nación considera que la indigencia pasó del 18.1% en 1997 a 31% para el 2003, lo que significa que dos de cada tres colombianos, no disponen de ingresos suficientes para satisfacer una o varias necesidades esenciales, las cuales son la vivienda, la alimentación y la salud.

  Los indigentes se han caracterizado como los individuos que desarrollan su estilo de vida “en la calle”; allí duermen, se alimentan, consumen droga, toman licor y tienen sus relaciones interpersonales, pero el concepto va más allá.

Este tipo de población por su extrema pobreza, por la indiferencia y rechazo social, por la falta de apoyo estatal y familiar, por su desnutrición crónica, por el total abandono en que se encuentran no solo tienen un alto índice de adicción a drogas psicoactivas (cocaína, marihuana, bazucó, entre otras) sino que también es alto el nivel de inseguridad al que están sometidos. Los habitantes de y en la calle sufren constantemente la amenaza de agresión física, desaparición y hasta de asesinato a manos de los conocidos grupos de “limpieza social”.

Esta problemática social no sólo queda en el hecho de que hay más colombianos durmiendo en los andenes y aceras de las urbes sino que además ha incrementado los índices de drogadicción, prostitución y delincuencia en las ciudades en donde se ha  asentado la población indigente. Revisando otros estudios sobre el tema como por ejemplo, el programa presidencial de lucha contra la droga Rumbos, en su publicación Indicadores indirectos de consumo de drogas, podemos ver que el bazuco y las sustancias inhalables (pegantes, gasolina y otros solventes orgánicos),  son las de mayor consumo en habitantes de la calle y sectores de la indigencia y que unas de las principales fuentes de financiación del consumo de droga son el hurto y la prostitución.

Esta situación que se vive cotidianamente en las grandes ciudades de Colombia, no es ajena a Popayán. Lastimosamente no hay un estudio reciente que establezca el número real de personas que habitan en las calles de la ciudad blanca, de acuerdo al censo realizado  por la Secretaría de Salud  de la Alcaldía Municipal hay 142 personas en la ciudad en dichas condiciones, dato que no representa la realidad que se vive y se mira a diario en la llamada ciudad colonial, la verdadera cifra es mucho más alta. Pero lo importante no es el número de personas que diariamente conviven en esta situación sino las medidas que se están tomando por parte de los organismos e instituciones encargados del problema para evitarla.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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